¿Protegemos a los menores deportistas?

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“De pronto mi padre disponía ya de su pista de tenis en el patio trasero, lo que significaba que a partir de entonces yo ya tenía mi cárcel.” (OPEN André Agassi Memorias)

La explotación infantil se define como la utilización para fines económicos de menores de edad por parte de los adultos y que afecte a su desarrollo personal, emocional y el disfrute de sus derechos.

La explotación infantil parece estar relegada a los países en desarrollo, sin embargo, nuestra sociedad del bienestar no está libre de abusos y sofisticadas prácticas de explotación de los más pequeños.

La presión que ejercen muchos padres sobre los menores deportistas pensando que llegarán a la élite, es tal que consiguen adiestrarlos al orientar su formación deportiva para hacer del deporte una profesión. Es ahí cuando comienza la explotación del menor. Los padres van a orientar su actividad hacia un objetivo económico. El menor pasa de ser un sujeto de derechos a convertirse en un objeto de los derechos de otro.

El menor es consciente de lo que esperan sus padres. Las expectativas se convierten en piedras muy pesadas que va acumulando en su mochila de vida y según pasa el tiempo la exigencia es mayor al igual que la fuerza para soportarla. Lo que comienza siendo un simple entretenimiento, pronto se convierte en un ambiente duro, agresivo y doloroso del que difícilmente el menor podrá salir.

El menor comienza a practicar su disciplina deportiva como si de un trabajo se tratara, salvo que al principio no recibirá un salario (cumplirá un horario, obedecerá al entrenador como si se tratara de su empleador, acudirá a todos los partidos, puesto que si no es así el castigo o la pena será no ser convocado, será monitorizado por el Club). Si además recibe la “formación deportiva”  gracias a una beca del Club, las obligaciones son más amplias puesto que junto con lo anterior deberá cumplir con un rendimiento determinado y a veces incluso comprometer el patrimonio familiar.

El menor llevará esa pesada mochila de la que no se librará hasta que sea lo bastante valiente para decir “basta” o que se convierta en el fracaso de la familia porque su entrenador le diga que mejor se dedique a otra cosa.

Estas situaciones y el “daño invisible” pero profundo que algunos padres ocasionan a sus hijos es muy difícil de mostrar puesto que ni siquiera los menores deportistas son conscientes, ni capaces de identificarlo.

Existe multitud de normativa, declaraciones y compromisos tanto a nivel nacional como internacional que establecen obligaciones dirigidas a la protección y desarrollo integral del menor. Las leyes son una red de contención, pero necesitamos las herramientas necesarias para convertir en una realidad esa protección y desarrollo integral del menor deportista, garantizando el cumplimiento de las normas y con ello la formación deportiva del menor en un ambiente protegido y de desarrollo de su persona.

Mónica García-Solanas

DESCRIPCIÓN DE LA AUTORA:

Mónica García Solanas es Abogada especialista en Derecho deportivo y Vicepresidenta del C. F. Hospitalet