Un sueño hecho realidad: el papel de la familia de una medallista olímpica

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Deporte de élite y maternidad

Irina Rodríguez*

Como dice George Moore, “un hombre viaja alrededor del mundo para buscar lo que necesita y vuelve al hogar para encontrarlo”. En todas las culturas la familia siempre ha tenido un papel muy importante. Es un pilar fundamental en la vida de cualquier persona.

Los deportistas de élite necesitamos que todo nuestro entorno esté en orden y en equilibrio para poder dedicarnos a rendir al máximo. Por eso, la figura de la familia es imprescindible para aportar el cuidado emocional que se necesita para estar focalizado únicamente en el objetivo deportivo. Es esa red invisible de seguridad que nos sostiene cuando perdemos el equilibrio o incluso cuando nos caemos. Un refugio al que sabes que puedes acudir cuando las cosas se tuercen.

Un inicio accidentado y un flechazo instantáneo

Algo que nunca he contado es que nací con alguna secuela física como consecuencia de un parto largo y complicado. Por suerte, nunca llegó a ser una discapacidad porque después de un amplio y pesado tratamiento, me dieron el alta.

En ese momento, mis padres me apuntaron a todo tipo de deportes y actividades para compensar todo el tiempo que había permanecido inmovilizada en el hospital. Fue entonces cuando la natación artística llegó a mi vida, o yo a la suya. Un flechazo instantáneo que todavía me acompaña hoy en día.

Irina Rodríguez medalla olimpica natacion sincronizada beijing 2008
Irina, con sus padres.

Con este accidentado inicio, nadie podía imaginar que conseguiría ser deportista de élite y mucho menos que ganaría una medalla olímpica. En aquel momento, se conformaban con que pudiera llegar a andar con normalidad.

Cuando empecé a entrenar, nadie apostaba mucho por mí. Digamos que no tenía las condiciones innatas para este deporte, pero con trabajo logré llegar hasta donde me propuse. No lo hice sola. Siempre estuve acompañada de mi familia y de todos los que trabajaron junto a mi con un objetivo común.

Mi ejemplo, es uno entre muchos que muestra que nunca hay un camino fácil, pero que todo lo que se puede soñar también se puede hacer realidad: “si lo puedes creer, lo puedes crear”.

Mis padres: un ejemplo de superación y un apoyo incondicional

Mis orígenes familiares son muy humildes. Mis padres son dos personas muy luchadoras que han conseguido superar las dificultades con esfuerzo, dedicación, unión y amor. Y esa es la mayor lección que me han dado para mi vida. Dicen que un ejemplo vale más que mil palabras y ellos siempre han sido un gran modelo a seguir.

Me han enseñado que hay que aprender a perder para saber ganar con respeto y humildad. No somos ni más ni menos que nadie. Todos somos iguales aunque no por eso llegamos a la vez al mismo punto.

No vales por lo que tienes si no por lo que eres. Yo no valgo más por tener una medalla olímpica. El valor real reside en el recorrido que he tenido que hacer para conseguirla, porque eso sí que me ha formado como persona.

Me han animado a no ponerme límites. A deshacerme de creencias, prejuicios y etiquetas que te cuelgan los demás, o incluso uno mismo, porque aunque no se correspondan con la realidad, pueden hacer que te acabes creyendo algo que no eres. Tanto para bien, como para mal.

«Yo no valgo más por tener una medalla olímpica. El valor real reside en el recorrido que he tenido que hacer para conseguirla, porque eso sí que me ha formado como persona»

A tocar de pies en el suelo pero saber disfrutar de los logros. A no creer en la suerte ni en el azar. Sí en el esfuerzo, el trabajo y en aprovechar las buenas oportunidades. A ser agradecido con la vida y con los demás.

Se han esforzado en hacerme entender los fracasos como parte de un aprendizaje dejando a un lado la victimización. Alguien me dijo una vez que “Los perdedores se quejan y los ganadores se adaptan”. Hay momentos en los que parece que todo se gira del revés. Aparecen lesiones inesperadas o situaciones que te alejan de tu objetivo, pero no hay que rendirse.

Quizás no puedas correr. Pero, ¿puedes andar? Pues sigue adelante y que nada ni nadie te pare. Siempre se puede hacer algo por insignificante que parezca. Es la suma de las pequeñas acciones las que finalmente se convierten en un gran logro.

«Hay momentos en el que aparecen dificultades, lesiones… Quizás no puedas correr. Pero, ¿puedes andar? Pues sigue adelante y que nada ni nadie te pare. Es la suma de las pequeñas acciones las que se convierten en un gran logro»

Me han transmitido además, el arte de “surfear la vida”. Un día puedes estar en la cresta de la ola y otro luchando por no caerte. Y hay que aceptar y adaptarse a la vida, venga como venga. Lo difícil no es subirte a la tabla, lo difícil es saber en qué momento has de subirte a ella.

¿Y qué hay que hacer para surfear la vida? Pues disfrutar de las pequeñas cosas. Respirar los momentos. Centrarnos en el presente porque es la única certeza que tenemos. Ninguna ola es igual a otra. Son irrepetibles.

A veces estamos tan enfocados en conseguir un reto que nos olvidamos de disfrutar de todas las situaciones que nos presenta el camino. ¿De que sirve alcanzar las metas, llegar a la cima de la montaña, si te pierdes el paisaje durante el viaje? Siempre es más interesante el camino que el destino final.

¿Por qué no una medalla olímpica?: el sueño de una niña de nueve años

Recuerdo que con nueve años soñé que ganábamos una medalla olímpica. En ese momento mi deporte estaba muy lejos en el ranking mundial de resultados, así que era una idea muy poco probable. Se lo comenté a mi padre y como buen gallego me contestó con preguntas: “¿Sabes qué? ¿Por qué no?” Y su respuesta me dio alas.

También se lo conté a mis compañeras. De entrada me miraron como si estuvieran viendo un unicornio volando, pero en seguida se sumaron a la idea del «por qué no». Y así fue.

Juegos Olímpicos de Beijing. El sueño se hacía realidad el 23 de agosto de 2008.

Veinte años más tarde subíamos juntas al pódium olímpico, después de haber vivido dos experiencias previas, que nos habían dejado a las puertas de una medalla que se nos resistía. Fue un proceso difícil donde más de una vez pensé en tirar la toalla, pero de nuevo, tuve el apoyo de mi familia, que me animó a seguir siendo constante y perseverante.

Es verdad que no todo el sueño que tuve de niña se hizo realidad. No ganamos un bronce… ganamos una plata olímpica que nos supo a oro. Era la primera vez que se conseguía una medalla olímpica en esta disciplina. Y aunque yo estaba en Pekín y mi familia en casa, sé que todos los míos se alegraron incluso más que yo. Porque esa medalla también era suya.

«Mis padres siempre han estado ahí, ofreciéndome su apoyo incondicional, detrás de los focos, aportándome la serenidad y fortaleza necesarias para seguir adelante y buscar lo que me hace feliz»

Mire hacia donde mire, mis padres siempre han estado ahí, ofreciéndome su apoyo incondicional. Han sabido permanecer en la sombra, detrás de los focos, pero con una gran presencia. Aportándome la serenidad y la fortaleza necesarias para seguir adelante en busca de lo que me hace feliz.

Algo que agradezco enormemente, es que siempre me han aconsejado pero nunca han decidido por mí. Me han dado la libertad de disfrutar de mis aciertos y de aprender de mis errores. Y creo que esa es la clave.

Una familia debería dar raíces para tocar de pies al suelo y alas para volar. Y ahora que tengo mi propia familia, espero poder estar a la altura y saber transmitir todos los valores que me han inculcado.

Al final, lo podemos llamar tribu, clan, red, comunidad, vínculo, grupo o familia. Pero todos, da igual quiénes seamos, necesitamos una.


*Irina Rodríguez fue componente del equipo nacional de natación artística durante 18 años, hasta su retirada en 2010. Participó en las Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Beijing 2008, edición en la que obtuvo la medalla de plata en la modalidad de equipos. Fue campeona de Europa en 2008 y del mundo en 2009. 

Estudió Fisioterapia, un postgrado en  Fisioterapia Deportiva y ha realizado cursos sobre Maternidad y Fisioterapia y  Osteopatía. Después de haber trabajado como entrenadora para el equipo nacional de España durante un dos temporadas, en la actualidad asesora a varios equipos nacionales del mundo (Argentina, Colombia, Chile, Estados Unidos, entre otros).