La mediación como herramienta para la prevención y la resolución de conflictos en el deporte

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Mediación conflictos deporte base

Francisco Rubio Sánchez*

El deporte, en su más amplia expresión, constituye un ámbito en el que confluyen algunos de los aspectos más importantes y positivos del ser humano, como la salud, las relaciones personales y sociales, la diversión o las emociones. Al mismo tiempo, el deporte permite adquirir, transmitir, contagiar y difundir diferentes valores, como la amistad, el compañerismo, el esfuerzo, la constancia, el sacrificio, la educación, el respeto, la solidaridad, la integración o la igualdad.

Sin embargo, el mismo eco o repercusión que tienen esos y otros loables valores cabe predicar con relación a determinados comportamientos indeseables y reprobables, como la violencia y, en general, conductas contrarias a la deportividad que debería imperar en todo momento. Comportamientos y actitudes censurables que se extienden peligrosamente merced al mimetismo, la permeabilidad y la facilidad de propagación que tiene entre ciertas personas lo negativo frente a lo positivo. 

«Existen comportamientos y actitudes censurables que se extienden peligrosamente merced al mimetismo, la permeabilidad y la facilidad de propagación que tiene entre ciertas personas lo negativo frente a lo positivo»

Tampoco son ajenas al deporte la existencia de controversias, disputas o conflictos internos, ya sea entre los propios protagonistas, directos o indirectos, de la práctica deportiva (jugadores, entrenadores, directivos, árbitros, rivales, …) o frente a terceros, más o menos cercanos al entorno del deporte, como espectadores o padres de jugadores.

Con relación a dichos conflictos, hemos de diferenciar lo que es y debe seguir siendo la sana rivalidad o la agonista confrontación deportiva (en la que unos ganan y otros pierden en buena lid), que forman parte intrínseca y consustancial al deporte competitivo de cualquier nivel y modalidad deportiva. Saber perder y, de paso, saber ganar constituyen una parte elemental de los cimientos en los que ha de asentarse la práctica deportiva. 

Conflictos exclusivos del deporte

En lo que venimos denominando como el “mapa del conflicto en el deporte”, nos encontramos, en primer lugar, con aquellas controversias que son comunes a otros muchos ámbitos, actividades o relaciones sociales, incluido el deporte, desde la base hasta el más alto nivel. Al margen de dichas controversias de carácter común (mercantiles, laborales, familiares, etc.), coexisten otras situaciones conflictivas que, en cambio, sí son específicas y exclusivas del deporte, ya sea por la naturaleza del conflicto, por los sujetos implicados, por las normas sobre las que se fundamenta la discrepancia o, en fin, por el objeto de la desavenencia, la discrepancia o el enfrentamiento.

«La mediación es un mecanismo voluntario, flexible, rápido, de escaso coste y, sobre todo, eficaz, no solo para la resolución de conflictos, sino también para la detección y prevención«

En este orden de cosas, la mediación se convierte en un mecanismo voluntario, flexible, rápido, de escaso coste y, sobre todo, eficaz, no solo para la resolución de conflictos mediante la intervención de un mediador que trata de llevar a las partes a una solución de mutuo acuerdo, sino también para la detección y prevención de posibles indicios de circunstancias susceptibles de convertirse en un detonante de conflictos: lo que desde el Instituto Español de Mediación Deportiva y Pacificación (IEMEDEP) venimos denominando “sistema alternativo y complementario de gestión positiva y resolución pacífica del conflicto”.

El éxito de la mediación preventiva

Si la solución de un conflicto a través de la intervención de un mediador entre las partes deviene en un win-win, donde todos ganan, también existe esa “mediación preventiva” que, de la mano de la coetánea difusión de los valores del deporte, constituyen la base para la construcción de una convivencia pacífica y adecuada para la evitación o resolución del conflicto a través de diálogo constructivo, lo que permite garantizar unas relaciones distendidas y un clima de paz en el que fluyen el respeto y la armonía frente a la violencia y la intolerancia.

Aunque el camino es largo y no ausente de obstáculos, en la práctica se vienen implementando y desarrollando con notable éxito algunos protocolos de prevención y gestión del conflicto, especialmente en el deporte base, que tienen como resultado desde la cordial acogida y trato amable y distendido del equipo y aficionados visitantes, hasta la colaboración de los jugadores y entrenadores con el árbitro en la toma de decisiones, reconociendo la comisión de dudosas infracciones, manifestando no haber sido objeto de una aparente falta o penalti, encontrarse en fuera de juego o comunicar al colegiado que el balón traspasó la línea de gol en la propia portería. 


*Francisco Rubio Sánchez es mediador de Instituto Español de Mediación Deportiva y Pacificación (IEMEDEP) y del TAS/CAS