Fútbol base y valores: tarjeta roja a los padres hooligan

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Álex Gómez Meneses*, árbitro

Dicen algunos que el fútbol ya no es lo que era. Ya no vemos campos de tierra, ni balones rotos, ni árbitros con algún kilo de más, ni los chavales vienen con heridas que en vez de venir de jugar a fútbol parece que vengan de la guerra. 

Y es posible que tengan razón, el fútbol ha cambiado. El último equipo de la última categoría de la territorial cuenta con un responsable de campo, césped artificial, riego automático, agua caliente, equipaciones nuevas y árbitros que entrenan y estudian con ahínco para ir el sábado a las nueve de la mañana al campo con la misma ilusión que el alevín que sabe que hoy, que juegan contra los penúltimos, puede que no pierdan de muchos goles. 

Incluso en algunas ocasiones, puede que nos encontremos hasta con árbitras a las que, por extraño que parezca, les gusta el fútbol y dirigir partidos de su deporte favorito. De modo que sí, podemos decir con total seguridad que el fútbol, por suerte, ha cambiado. 

La afición en el fútbol base

Y con él, el aficionado. Ese elemento indispensable en el entramado futbolístico profesional, pero menos esencial en el fútbol base, ha cambiado. Es un aficionado más formado, más conocedor de las tablas clasificatorias, del pichichi del grupo, de la experiencia de los jugadores, de las tácticas y las alineaciones, sobre todo de aquellas que el entrenador no utiliza porque “no tiene ni idea”, y hasta del nombre y la categoría del árbitro. 

Sin aficionado, no hay deporte. Sin embargo, tras un año de pandemia, la vida sigue, el fútbol sigue (con menos ingresos, pero continúa) y el fútbol base, ese donde nos formamos, también. 

La experiencia del fútbol sin padres en la grada

Durante la pandemia hemos vivido un fútbol base más tranquilo, con menos protestas, con jugadores, entrenadores y árbitros centrados al cien por cien en su trabajo, sin interferencias externas que no hacen más que entorpecer el desarrollo de los partidos y, por ende, la evolución formativa de los jugadores. Y es que, en ocasiones, los padres no se dan cuenta de que son una referencia para los muchachos que están en el rectángulo de juego intentando pasar un buen rato y que cualquier gesto, voz o movimiento tiene una influencia en ellos.

De un tiempo a esta parte nos encontramos con unos entrenadores, futbolistas y árbitros más preparados y un aficionado que, en general, es más respetuoso con la labor de los profesionales del mundo del fútbol. No obstante, todavía es recurrente ver a padres en partidos de benjamines, gritar y correr por la banda como si fueran un entrenador de primera división. O que los árbitros tengan que escuchar preguntas como “¿alguna vez te han pegado?”. La verdad es que a mí nunca me han pegado, y que dure. 

El árbitro no es el enemigo

La figura del árbitro en categorías inferiores tiene un rol que en parte es formativo y educativo. Y sin embargo el aficionado le ve como el enemigo número uno, incluso peor que el delantero rival. Su intervención ayuda al desarrollo de la deportividad y de la no confrontación. 

En Cataluña, por ejemplo, el árbitro tiene la potestad de parar el partido cuando hay insultos en la grada. Son herramientas de las que disponemos y que ayudan a lanzar mensajes muy importantes, tanto para el jugador como para el aficionado. 

Recuerdo un partido jugado un 22 de diciembre de un equipo de fútbol que recibe alumnos de todo el mundo. Esos chicos habían pospuesto la vuelta a casa por Navidad para jugar ese partido de fútbol. El encuentro duró media parte por protestas e insultos de parte de la afición contraria. Los jugadores –algunos todavía ni hablaban castellano– fueron a la caseta del árbitro a pedirle por favor que querían jugar. Seguramente fue la decisión más difícil que un árbitro puede tomar, mucho más que pitar o no pitar un penalti. 

A pesar de la mejoría en todos los niveles del mundo del fútbol formativo, tenemos un problema más vigente que nunca. Como indicaba anteriormente, es demasiado frecuente ver a padres y aficionados gritar como hooligans por una jugada sobre la que ni si quiera saben la norma, o porque han tocado a su hijo. Si por casualidad la madre o el padre del otro hijo se encuentra cerca, ya tenemos vídeo viral en las noticias por otro escándalo en los terrenos de fútbol

Es importante que desde todos los ámbitos demos visibilidad a este fenómeno. No son normales los gritos en partidos de benjamines, no son normales los insultos a nadie y, por supuesto, no es normal cualquier tipo de violencia, ni dentro ni fuera del terreno de juego. 

Los auténticos valores del deporte: el fútbol es un juego

Es de vital importancia que seamos capaces de recuperar los auténticos valores del deporte. El deporte como medio formativo y educativo, como medio de socialización, desarrollo personal y social, el deporte como medio de integración social y, también muy importante, como medio de recreación. 

No olvidemos nunca que el motivo principal de jugar a fútbol es la diversión. Jugamos porque nos gusta jugar, porque nos divierte, nos entretenemos y pasamos un buen rato. Cuando vemos a niños de menos de 10 años salir llorando de un partido porque han perdido es, en parte, por la presión que reciben desde las gradas. Porque, por ejemplo, lo más habitual en las fases más incipientes del deporte es que le pregunten al árbitro cuánto tiempo queda, porque ni si quiera saben cuánto van: ellos lo que quieren es jugar y divertirse. Y cuando trasladamos en exceso un valor también de gran importancia como es la competitividad, perdemos la esencia del deporte en fases formativas

Adaptémonos al cambio que nos propone el deporte, pero manteniendo los valores más originales: el deporte como movilizador de emociones y sentimientos controlados, como influencia en la formación y comportamiento de las personas, y sobre todo como transmisor de actitudes como el esfuerzo, respeto, deportividad, solidaridad, compañerismo y diversión, entre muchos otros.


*Álex Gómez Meneses es árbitro en 3ª división. Empezó hace 16 años, en fútbol base y ha arbitrado en diferentes categorías. Además, ha participado en el proceso de formación de nuevos árbitros.

Es licenciado en Administración y Dirección Empresas y en Investigación y Técnicas de Mercado. Ha desarrollado su carrera profesional en proyectos en compañías de alimentación como Coca-Cola. Actualmente es jefe de proyectos en una empresa tecnológica.