La importancia de los valores en el entrenamiento de equipos deportivos

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En cualquier agrupación de personas que realicen una actividad en común regular y duradera en el tiempo, se comparten unos valores. Si pensamos en el grupo clase de un colegio de primaria, los niños ven como sus profesores algunas tardes se reúnen.  

De una manera más o menos consciente, constatan que después hacen las cosas de manera similar y que les exigen cosas parecidas. Están viviendo un ejemplo del valor del trabajo en equipo de sus maestros.

Si analizamos una empresa mediana cualquiera, veremos que también allí se comparten unos valores. Quizás se trate de un entorno en el que se respeta la diversidad (porque trabajan personas de diferentes etnias, clases sociales, etc., sin que ello suponga ningún tipo de discriminación o motivo de conflicto). Quizás se trate de un ejemplo en el que se comparte el valor de la excelencia (porque es una empresa en la que hay una cultura por el cuidado de los pequeños detalles y la voluntad de hacerlo todo lo mejor posible).

Lo mismo pasaría si en lugar de poner el foco sobre un grupo clase escolar o los integrantes de una empresa, lo hiciésemos sobre una pandilla de adolescentes, una familia o cualquier otra agrupación. Pues bien, un equipo deportivo no es una excepción. En cualquier equipo de fútbol, baloncesto, balonmano, etc, se comparten unos valores. Y para nosotros, la cuestión es ver de qué manera se produce ese fenómeno. ¿Es algo planificado o surge de manera autónoma? ¿Es importante para el entrenador? Veamos tres casos en los que se responde de manera distinta a estas preguntas.

En muchos clubes y equipos deportivos, se viven determinados valores sin que exista una planificación o una evaluación. Si el entrenador no incluye el trabajo de determinados valores en su lista de objetivos, estará a merced de las influencias que reciba su grupo de otros agentes. A lo mejor se pone de moda entre los chicos de su edad el respeto (porque la FIFA incluye anuncios en las retrasmisiones de los partidos). Pero a lo mejor sus jugadores empiezan a compartir determinados contenidos en las redes sociales o reciben mensajes publicitarios, que hacen que para los chicos sea importante el individualismo. En ese caso cada uno actuará pensando en su propio beneficio, sin atender a las necesidades de los demás primero y sin darle valor a ciertas normas después. 

Dejar que los valores que se van a compartir en el equipo dependa de factores externos es muy arriesgado. Y si el entrenador actúa solamente cuando se encuentra con problemas en relación a este tipo de contenidos, será demasiado tarde.

Hay un segundo grupo de entrenadores que creen que, por encima del entrenamiento físico, técnico o táctico, lo que más rendimiento va a dar al equipo es que los jugadores tengan determinadas conductas de solidaridad, de esfuerzo, de disciplina, etc. Estos entrenadores sí que se centran en lograr que en su grupo se vivan determinados valores, pero lo hacen en función de sus estilos de juego y sus objetivos deportivos. 

Un ejemplo habitual es el de los técnicos que dan un valor prioritario a la competitividad; lo importante no es si en un entrenamiento se hará tal o cuál tarea, si esta semana tenemos que prepararnos para jugar contra un rival que nos presionará más o menos. Lo importante es que en cada momento, en cada acción de cada juego de la semana, los chicos sean competitivos. Que les moleste perder, que se enfaden cuando eso ocurre o que actúen en los límites del reglamento para ganar.

En el mismo grupo de entrenadores están, por ejemplo, los convencidos de que la clave del éxito es la cohesión del equipo. Trabajan para que los chicos sean solidarios en los esfuerzos cuando juegan, que sepan ayudarse y dejarse ayudar, etc. Y utilizan el rendimiento del equipo en competición para evaluar si se están alcanzando o no los objetivos en relación a esos valores. 

Una tercera posibilidad sería la del entrenador que está preocupado por sus jugadores desde una perspectiva más global y no exclusivamente deportiva. Para este tipo de entrenadores, el deporte en realidad representa una herramienta -muy útil y muy potente- para trabajar y desarrollar determinados valores. Estos entrenadores comparten la idea de que casi con toda seguridad, sus jugadores no serán profesionales. Pero creen en la posibilidad de que utilicen durante toda su vida el deporte como un lugar donde aprender, donde entrenarse para ser valiente, generoso, alegre o respetuoso.

Estos educadores sí que van a planificar y evaluar los valores que les interesa desarrollar en cada una de las etapas del desarrollo de los individuos, porque es el eje sobre el que gira su práctica.

Desde mi punto de vista, más allá de que nos podamos sentir identificados con este último grupo de entrenadores, la primera conclusión que se puede extraer de lo que hemos dicho es que en cualquier equipo se van a vivir unos determinados valores y que no prestar atención a eso puede tener malas consecuencias desde muchos puntos de vista.

Y por otra parte hemos visto que, tanto si un entrenador está preocupado por el rendimiento de su equipo como si lo está por la formación integral de sus jugadores, tiene que pensar qué valores querría trabajar, qué estrategias utilizará para hacerlo y cómo evaluará si se está logrando o no.






David Hernández Ligero ha desarrollado e implantado el Ekkono Method en el Paris Saint Germain, la Japan Football Association, entre otros. Es también profesor de la Universitat de Vic y antiguo alumno de Brafa.