“En las apuestas deportivas se pierde todo”

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Hibai López-González considera que el principal problema de las apuestas deportivas es la “normalización” con la que la sociedad las ha asumido y los peligros que este hecho implica. E insiste en que siempre se pierde.

En un aula de la Universitat de Barcelona, el profesor e investigador Hibai López-González comparte algunos aspectos de su investigación sobre las apuestas deportivas que nos dejan helados: “Mueven 7.000 millones de euros anuales”, comienza con la contundencia de este dato.

“Sus beneficios rondan los 370 millones de euros, porque es un negocio en el que tienen que mover mucho dinero para obtener margen”, continúa.  “Dar mucho dinero en recompensas, por ejemplo”.

Las apuestas online aceleran la adicción

Más allá de las cifras, Hibai López-González pone de relieve que el riesgo de las adicciones deportivas es más que real, porque “en la franja de los 14 a los 18 años, el 7% podrían tener algún problema”, acercarse peligrosamente a este precipicio de los problemas con el juego.

“Con las apuestas en línea, la franja de edad media de los jugadores ha descendido y se sitúa en la actualidad entre los 28 y 30 años”. De ahí se deduce que haya más adolescentes y menores implicados, atraídos por la posibilidad de apostar en directo, modalidad que la tecnología permite. “Actualmente, el 60% de las apuestas deportivas se realizan en directo”, un porcentaje que se ha incrementado vertiginosamente en pocos años.

“Hoy día, con el juego en línea, los tiempos entre la primera apuesta y convertirse en un adicto se han acortado”, indica López-González. Para valorar la magnitud del problema, este investigador se encuentra además con la variedad de sistemas sanitarios de las autonomías para atender a los que han caído en la adicción. “En algunas ni siquiera existe atención para este tipo de adicciones y en el mejor de los casos son asociaciones privadas las que los atienden”.

Sin embargo, sí se conoce aproximadamente cuánta gente juega: dos millones y medio de personas, especialmente varones. 

El chiringuito de los que siempre ganan (y no es el apostador)

En España existe un acuerdo informal para crear un ecosistema entre todas las partes que se benefician: las casas de apuestas, los medios, los equipos, etc. No sucede así en países como Estados Unidos, que reguló las apuestas deportivas en 2018. “En la NFL, por ejemplo, se llegó a un acuerdo para que se pague una cantidad fija en concepto de apuestas”

En nuestro encuentro, Hibai López-González repite que el principal problema es la “normalización”. Se ha aceptado como normal este fenómeno, se ha integrado en nuestra sociedad.

El papel de los medios ha sido fundamental para que se produzca esta normalización. “En un periódico digital, por ejemplo, si una persona clica en uno de los anuncios de apuestas, abre la página de la casa anunciante, apuesta y pierde, el periódico recibe una comisión”. En otras palabras, “para los medios es una fuente de ingresos muy importante”, explica.

Un márketing invasivo

Y es que la estrategia de márketing de las casas cuenta con un presupuesto de 370 millones de euros que destinan a anuncios, bonos de bienvenida, patrocinios deportivos y afiliados (medios de comunicación), que fomenta la falsa percepción de que no existe riesgo.

Incluso se publicita desde los medios deportivos casos excepcionales para animar a apostar: “Imaginad que una persona ha apostado 0’5 euros, ha hecho una combinación ‘imposible’ que ha salido, gana 50.000 euros…” Se encargan de dar bombo porque es “una narrativa muy golosa porque todo el mundo tiene 0’5 euros y se percibe como una apuesta sin riesgo”.

Otro de las situaciones sobre las que advierte Hibai López-González es el peligro de corrupción en categorías inferiores. “A Messi –explica– no lo sobornarás con 50 euros, pero a un jugador de una categoría inferior sí, como ya se ha documentado”.

Siempre se pierde todo

Y concluye de nuevo con contundencia y convicción: “En las apuestas deportivas se pierde todo. Las personas con mayor poder adquisitivo, en términos absolutos, perderán más dinero;  las personas de menor nivel social, la pérdida será proporcionalmente mayor, porque también gastan proporcionalmente más con respecto a sus ingresos. Pero siempre se pierde todo. Todo es todo.”