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Tras debutar en División de Honor con el Cartagena, te fichó el Barça, pero te cedió al Segovia la temporada pasada, ¿cómo valoras esta situación un año después?
Fue algo muy positivo para mí. Allí pude jugar muchos minutos y crecer como persona y como jugador. Las cosas tienes que tomarlas con perspectiva y la cesión fue lo mejor que me pudo pasar. Después, todo funcionó a la perfección. Con el Segovia llegamos hasta la final de la liga, en la cual nos superó, curiosamente, el Barça.
Y ahora estás en la cresta de la ola: campeón de Europa con España hace unos días, reciente campeón de la Copa de España con el Barça, líderes en la liga…
Sí, ahora puedo ver los frutos del trabajo realizado el año pasado y de la cesión a Segovia. Desde luego que no tengo queja alguna (sonríe). A nivel colectivo, no tenemos que dormirnos, porque todavía queda mucho por delante. A nivel individual, te diré que, con 23 años, estoy en el mejor momento de mi carrera, pero no puedo dormirme en los laureles pues todavía me quedan muchísimas cosas por mejorar.
¿Cuál fue tu sensación cuando te fichò un club como el Fútbol Club Barcelona?
Impresionante. El Barça excede todo lo que puedas pensar y eso que esto es fútbol sala y no fútbol 11, pero la estructura es enorme, está todo perfectamente organizado. Tú lo que tienes que aportar es sólo dedicarte a lo que sabes; es decir esforzarte al máximo en la pista y, en mi caso, jugar lo mejor que puedas al fútbol sala.
Probablemente una de tus cualidades de las que más habla la gente es la humildad. ¿No te será difícil mantenerte humilde después de tantos éxitos?

No, la verdad, no lo creo (sonríe). Eso va muy ligado con cómo es cada uno, con la forma ser de cada persona. Y yendo a lo práctico, la verdad es que tengo que seguir aprendiendo. Como te explicaba antes, hay muchísimas cosas en las que debo mejorar. A nivel de equipo, también tenemos claro que debemos mantener la humildad. Ahora, más que nunca, nos toca poner en práctica la famosa frase “lo difícil no es llegar, sino mantenerse”.
Tu primer gol en la final del europeo permitió forzar una prórroga (en la que después España ganó a Rusia) cuando quedaban menos de 30 segundos para que finalizase el partido, ¿qué sentiste al marcarlo?
Ya te imaginarás, una alegría inmensa. Fue un partido durísimo y el portero ruso nos lo había parado todo, pero pudo caer ese gol que nos permitió seguir luchando por el título. La verdad, al marcarlo, pensé que teníamos las cosas de cara para la prórroga. El gol fue muy importante para España y, para mí, significó definitivamente el colofón a muchos años de esfuerzo y de lucha por triunfar en la selección. Primero, en las categorías inferiores, donde llegué a ser capitán, y después, ya en la absoluta.
En esa final y en la Copa del Rey pudimos atestiguar que el fútbol sala es un deporte muy emocionante.
Sí que lo es, pues es incierto y el marcador puede dar un vuelco en segundos. Es atractivo de ver y muy intenso. El fútbol sala es un gran deporte de equipo, pues todos tenemos que trabajar continuamente al cien por ciento, con lo valores que todo esto conlleva. Debido a eso hay tantos cambios y rotaciones, porque siempre buscas estar con un equipo fresco en la pista.
¿Qué te ha enseñado el fútbol sala a lo largo de tu carrera?
Principalmente, a valorar el esfuerzo: a que mientras más te cuesta conseguir las cosas, más las aprecias. Y esto, sin lugar a dudas, es aplicable a cualquier ámbito de la vida.
Y hablando de valores, ¿cuáles destacarías principalmente en este deporte?
Ya hemos hablado del valor del esfuerzo, así que me gustaría destacar también el trabajo en equipo, el cómo un grupo de personas se ponen de acuerdo y colaboran conjuntamente para lograr un objetivo. Cuando esto se produce, se obtiene una gran satisfacción, muy superior a la que puedes sentir si tus logros únicamente son a nivel individual.
Rafa Cervera
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