sportmagister
sportmagister Contacto sportmagister  Twitter sportmagister Español | Català | English
BUSCADOR >>>
Estás en >>> Inicio >>> Información >>> Artículos de interés
>>>> Una epidemia familiar: la “notengotiempitis” (II).
06/03/2012

Tiempo de calidad, tiempo en cantidad

Una vida marcada por los ritmos y exigencias del trabajo, o incluso por determinadas formas de ocio –piénsese en la cargada agenda de actividades extraescolares de muchos niños, en las muchas horas de televisión diaria en tantos hogares- hace difícil compartir tiempos prologados de descanso o de actividad en común, e incluso coincidir físicamente bajo el techo familiar.

A menudo se propone la dedicación de un “tiempo de calidad”, ceñido a los fines de semana en algunos casos, para compensar una menor dedicación de “tiempo en cantidad”. Pero lo cierto es que los comentarios acerca de la vida cotidiana surgen más fluidos, espontáneos y matizados cuando se cuenta habitualmente con alguien que escucha y que se abre a la comunicación. Cuando ese alguien está.

La mera presencia física no es suficiente; ni siquiera es lo más importante (así ocurre, por ejemplo, cuando se está en la misma sala viendo la televisión simplemente). Pero es indispensable y necesaria para que pueda darse una comunicación de cierta hondura: un diálogo, una confidencia... Un o un no apresurado, sin contacto visual sereno, generalmente no son suficientes para atender o contestar a un desahogo o a un problema personal. ¿Cómo se va a descender a detalles si la prisa me impide atender como es debido, o si lo que reclama y recibe más atención es la televisión?

La convivencia requiere silencios, miradas, escuchas, presencias. Es fruto de un intercambio de afectos, de ideas, de vivencias, ilusiones y deseos, de contrariedades y de logros cotidianos, que requieren tiempo y atención.

Para comunicarse, para decirse algo, entre otras cosas esenciales, es preciso tener algo que decir. Y para esto es preciso el silencio, que es la respiración y el descanso del alma; tener tiempo para pensar, pararse a pensar. Hacer balance de la propia vida, proyectar, sopesar hechos, palabras y actitudes, redescubrir el sentido y el valor de lo que hacemos. Tener tiempo para uno mismo, que es para pensar en los demás miembros de la familia, en cada uno de ellos y en mí. Tiempo para estar a solas, para hacer silencio y serenarse. Para reflexionar y para soñar. Para dedicarse a las propias aficiones –“afición” viene de “afecto”-, a aquello que nos gusta y nos recrea.

El tiempo libre tiene un extraordinario valor educativo, y una importancia crucial en el desarrollo de la persona, porque es el tiempo del que cada uno puede disponer por sí mismo, en el que cada uno puede hacer lo que prefiere y, en esa medida, el más fácilmente auténtico de la personalidad.

En la primera parte de estas reflexiones mencionábamos una epidemia muy extendida hoy: la “notengotiempitis...” Estamos a menudo tan ocupados, que no tenemos tiempo para aquellos que dan sentido a nuestras ocupaciones.
 
Tiempo ¿para qué?

Hace falta momentos especiales para el otro, para el que vive conmigo. Para que sepa que le escucho, que le acojo, que me importa. De uno en uno, cada uno. Para hacer cosas juntos, o para no hacer nada juntos, simplemente para estar, mirarse en silencio y confirmar tangiblemente la mutua cercanía. Para hablar de ambos, para poder expresar lo que nos ocurre y lo que se nos ocurre; para hablar y pensar juntos acerca de los hijos, de los padres, de los abuelos, de los amigos, de las aficiones, de los acontecimientos... Para saber lo que pensamos y lo que sentimos, y para saber –si es que se puede saber- por qué. Para reír juntos, para llorar juntos, para hacer cosas juntos, para soñar juntos.

Es un tiempo dedicado a que la otra persona tenga una prueba de que me importa, porque dejo lo demás para estar con ella, lo cual es una forma de certificar la propia donación de sí mismo de manera tangible y cotidiana. Es fundamental que los padres dispongan de momentos así con cierta frecuencia. Y que los hijos, o los abuelos, o las personas que comparten nuestro proyecto de vida cotidiano, también sean obsequiados con el regalo verdadero de nuestro tiempo, de nuestra atención.

También es preciso tener momentos concretos –momentos que se puedan recordar- para que toda la familia pueda estar junta; porque a través del tiempo y de la actividad compartida se comparte la vida entera, se da y se recibe, se aprende a dar y a recibir.

Y se aprende también algo decisivo: la conciencia de la propia pertenencia, la certeza y la identidad que nace de la pertenencia mutua. El sentirnos un nosotros lleno de sentido. Que cada uno pueda ser más él o ella mismos porque saben que cuentan con el impulso y la confianza de los suyos, y que esa confianza les sostiene.
 

http://equipoagora.es/Escuela-de-padres/Una-epidemia-familiar-terrible-I.htm

Otros apartados relacionados:

Información
Videos
    Recursos
    Boletín
      Sportmagister
        Educación de valores a través del deporte | Fundación Brafa 2013 | | Crèdits